Por  Edwin Alfaro

 Gramsci, fue un marxista Italiano dirigente del partido socialista, que se incorporó con Lenin a la tercera internacional, su obra más conocida “Los cuadernos de la cárcel”, constituyen los apuntes que Gramsci redactó estando en la cárcel, desde 1929 hasta 1935, estos se escribieron en el contexto del ascenso del fascismo y Mussolini, sobre todo, con el objetivo de rearmar al Partido Comunista Italiano (PCI),  dichos escritos fueron censurados cuando Gramsci salió de la cárcel, una de las dificultades que presenta su obra es la  ambigüedad debido a la necesidad que tuvo de camuflar sus ideas, ese lenguaje cifrado hace difícil distinguir cuando es un escrito censurado o cuando es él quien está escribiendo por ejemplo: nunca habla de marxismo ,dice en su lugar filosofía de la praxis.

Aunque Gramsci se muestra solidario con la revolución Bolchevique tiende a distanciarse  de ella, en su libro “La revolución contra EL CAPITAL”, critica el hecho que la revolución Rusa se ha realizado fuera de los principios de Marx, dado que Rusia no reunía las condiciones objetivas para una revolución, por lo tanto hay un distanciamiento entre Marx y Lenin.

La base principal de la originalidad de Gramsci la constituye su reinterpretación de Marx, que supera las deformaciones deterministas y mecanicistas a que se ve sometido el marxismo, principalmente dirige su polémica hacia la II internacional. Su “filosofía de la praxis” más que una frase encubierta, expresa la necesidad de difundir una concepción genuina del marxismo que articule una efectiva unidad  entre acción y teoría, entre masa e intelectuales[1].

Para Gramsci hay dos tipos de revolución una que es la expresión máxima de la lucha de clases una especie  de “guerra al asalto”, que toma el poder de un solo golpe desplazando la dictadura de la burguesía. Otro tipo de revolución es la “guerra de posiciones” donde  las cuotas de poder se van tomando gradualmente, principalmente en sociedades occidentales y latinas cuya complejidad y desarrollo de la sociedad civil, requieren de un trabajo más prolongado y denso de organización de la propia masa y paralela desorganización del enemigo, acompañada de la formación de intelectuales orgánicos, la guerra de posiciones no es en sí una lucha armada, aunque se deja el punto como posible, la mira es conquistar los espacios de ideologización, debido a que por efecto de la dominación, la conciencia de clase está ahogada, antes de irse a la guerra, se debe ganar el sentido común de las mayorías, el proletariado por lo tanto debe poseer conciencia de clase no solamente en la fábrica o el campo, sino en la familia en la iglesia, en la escuela, etc. Es en este proceso donde cobra importancia el intelectual orgánico

            Los intelectuales orgánicos son los cuadros de la clase dominante económica y política que elaboran la ideología para Gramsci son los “persuasores”, “empleados”  de la hegemonía de la clase dominante, en un principio puede ser un individuo pero luego convertirse en un colectivo.

En el mundo de la cultura existe un grupo de intelectuales que deben distinguirse de los simples intelectuales de la vida cultural burguesa, para el caso cabe distinguir entre Salarrué y su burda folclorización de la pobreza y Alberto Masferrer, ambos al servicio de la clase dominante pero con una abismal producción intelectual.

La batalla entonces se ejerce en el mundo de las ideas pero desde adentro de la clase dominante, similar a una orquesta donde cada quien sabe el instrumento que debe tocar con miras a imponer en el pueblo, el consenso en torno a ideas dominantes, abandonando por completo la coerción.  

Hegemonía es la “capacidad de unificar a través de la ideología y de mantener unido un bloque social que, sin embargo, no es homogéneo, sino marcado por profundas contradicciones de clase[2] utilizó la palabra Hegemonía para referirse a cómo la clase dirigente organiza el consenso entre las clases oprimidas. El revolucionario italiano argumentó que además de utilizar la fuerza del aparato del Estado y de la coerción, la clase capitalista usa también la fuerza política e ideológica del consenso. La hegemonía tiende a construir un bloque histórico, cuyo fin es mantenerlo unido a través de la concepción de mundo que ella ha difundido. En este punto Gramsci parte de la afirmación que el hombre por el simple hecho de ser hombre, de poseer un lenguaje y participar del sentido común es filósofo, dicha afirmación aparecía ya en Croce, no obstante en Gramsci está ligada a la vida cultural de las clases subordinadas, en todo hombre hay una conciencia impuesta por el ambiente en que vive, en la cual ocurren diversas influencias entre las cuales se pueden mencionar, la escuela, la religión, el servicio militar, los periódicos etc.  El sentido común es “un nombre colectivo…un producto del devenir histórico[3].

La hegemonía en Gramsci no es un hecho que se circunscribe solo a lo cultural, moral o de concepción de mundo, sino que también es política, de hecho la mediación entre “los simples” y los intelectuales se realiza por medio de la política, que por medio de articulaciones entre  filosofía superior, concepción crítica y masas subordinadas, “permite a estas últimas superar su visión no crítica[4], teniendo como mediador al partido que sea la expresión de una voluntad colectiva con un determinado fin político, en dicho partido hay gobernados y gobernantes, dirigentes y dirigidos, Gramsci resuelve el dilema de la distinción afirmando que la misma debe ser superada.

El pensamiento de Gramsci es oportuno al contexto salvadoreño, ya que desde el punto de vista Gramsciano de la hegemonía se ha logrado conquistar el sentido común imponiéndose la idea de “cambio”, el reto será mantener las alianzas de clase y el consenso en torno a sus ideas dominantes, tratando de no romper dicha hegemonía.

 


[1] Luciano Gruppi. El concepto de hegemonía en Gramsci. México: Ediciones de cultura popular, 1978. pág. 105.

[2] Luciano Gruppi,  Op. Cit. Pág. 95.

[3] Gramsci antología, pág. 364.

[4] Luciano Gruppi,  Op. Cit. Pág. 97.