Por Edwin  Alfaro

EL SIGLO DE PERICLES

Para Voltaire, en la historia de la humanidad solamente cuentan cuatro siglos, Uno de ellos ha sido el Siglo de Pericles.[1]

Las razones de tan merecido título, obedecen al esplendor alcanzado por Atenas durante el gobierno de Pericles, quizá el más grande estadista de la antigüedad, hijo de Jantipo y Agariste, miembro de la familia de Alcmeónidas, su educación estuvo a cargo de los filósofos más prestigiosos del momento: Anaxágoras, Zenón, y Protágoras.[2]

            Los años del gobierno de Pericles en Atenas (461-429), estuvieron caracterizados por el esplendor y brillantez inextinguibles, fue una etapa de intenso vigor intelectual, expresada en los frutos de las creaciones del espíritu, a los que Pericles infunde la misma vitalidad que a la política ateniense. Atenas se consolida como un imperio confederado de tipo comercial, que recoge tributo de pueblos subordinados y que además es una potencia naval como dijera Tucídides[3]. Representa así mismo el máximo ordenamiento político de ese momento. Pericles hizo de Atenas el centro del pluralismo político, económico y cultural, a diferencia de Esparta con una sociedad agraria, cerrada a extranjeros y con una constitución Mixta.

            Hablar de Pericles en el presente, pareciera vano, no obstante cualquier persona que sabe, reconoce lo fundamental que resulta conocer las bases sobre las cuales sentó su administración, las cuales aun con el paso de los siglos, siguen teniendo vigencia:

            Políticamente hablando Pericles pertenecía al partido popular (plebe), teniendo como contrapeso a Tucídides del partido aristocrático (Oligarquía).[4] Pericles gobernó en función de la plebe, llevando a cabo numerosas reformas, siendo una de las más importantes la que remunera económicamente a todo aquel ciudadano que participe en política. Dio seguridad y ayuda a los ciudadanos más desprotegidos, haciéndoles ver que tienen la maravillosa suerte de haber nacido en Atenas, pues así disponen de ayudas. Pericles iguala por fin a todos los ciudadanos bajo la misma ley y el mismo derecho. Una vez alcanzado el esplendor de Atenas, y habiendo desterrado a su opositor Tucídides. Pericles se distancia de la demagogia que usó para llegar al poder, Plutarco afirma “Ya no fue el mismo, ni del mismo modo manejable por el pueblo dejándose llevar como el viento de los deseos de la muchedumbre; sino que en vez de aquella demagogia que tenía flojas e inseguras las riendas…planteó un gobierno aristocrático y en cierta manera regio”.[5]

            El paradigma del Estado como generador de empleo en tiempos de crisis, no inicia con Keyness, ni en Estados Unidos,  surge en la Atenas de Pericles, donde todo el mundo está ocupado, cada año salían sesenta galeras en las que eran contratadas como marinos, las personas ociosas, además se enviaban 1000 sorteados a las ciudades subordinadas, todo esto con el fin de: “aliviar la ciudad de una muchedumbre holgazana e inquieta…para remediar la miseria del pueblo”. [6]

            Uno de los aspectos más destacados de la administración de Pericles fue el de las obras públicas, que se caracterizaron por :

El refinamiento y la perfección: “Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su forma y elegancia…Cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez todavía es reciente y nueva: ¡Tanto brilla en ella un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez.” Todas las obras eran dirigidas por el superintendente Fidias y Pericles[7].

Una función social, La construcción de obras introdujo en Atenas, una demanda de mano de obra que permitió a las personas emplearse como arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros, comerciantes y marineros, carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, zapateros, constructores de caminos, mineros,

Eficiencia, Las obras se construían a corto plazo, al grado que causaba admiración, que siendo obras de larga duración fuesen terminadas en corto tiempo [8].

Accesibles, Todos los ciudadanos tenían acceso a las obras, dado que las mismas eran vistas como bienes públicos, generadores de una identidad y sentido de pertenencia.

Asignación de presupuesto, Una de las cosas que el partido de Tucídides  criticó a Pericles y que atrajo murmuración fue la gran cantidad de dinero destinada a la construcción de obras públicas, pero al ser confrontado respondió: “Pues no se gaste dijo, de vuestra cuenta, sino de la mía; pero las obras han de llevar sólo mi nombre”. Al decir esto Pericles, sus opositores le gritaron que gastase lo que quisiera sin excusar nada. ¿Será porque deseaban compartir la gloria de las obras? O ¿Simplemente porque se maravillaban de la magnanimidad de las mismas?[9] .

Visión futurista, Pericles no estaba construyendo pensando sólo en el presente, el fin de la opulencia de la ciudad era que “después de hechas le adquirieran una gloria eterna”[10]

Las características mencionadas, no aplican para las obras que las municipalidades y los gobiernos realizan hoy en día, baste como ejemplo el monumento al hermano lejano, al cual Moya comparó con un “mingitorio gigante”, o los horribles bustos ubicados a lo largo del Boulevard de Los Próceres. El predicamento de Pericles se cumplió al pie de la letra, pues el Partenón sigue siendo la gloria y el símbolo de la acrópolis Ateniense, a la vez que es un importante generador de fondos, provenientes del turismo. A diferencia de nuestros Alcaldes o Alcaldesas, que no se proyectan a futuro, y tampoco destinan fondos dignos al arte y la cultura.

 No más grave es la situación de los edificios públicos y el Centro Histórico de San Salvador, lo público, lo más querido, se encuentra inaccesible al ciudadano, por la indiferencia de las autoridades de la cultura y la ambición de los vendedores, cuyas redes familiares han permitido abarrotar de “sucursales” todo el Centro Histórico, si a esto se le suma la escasa valoración del arte y la cultura de los ciudadanos, el panorama no puede ser más sombrío.

“Los centros históricos conforman áreas homogéneas que confieren identidad a sus habitantes y a la vez los caracterizan y testimonian”, el patrimonio arquitectónico de los centros históricos está indisolublemente unido al uso, reconocimiento y valoración que hace de ellos la población, a partir de esta afirmación todas las gestiones tendientes a un mejoramiento integral deben tener en cuenta acciones de tipo social, económico, y ambiental[11]. Mientras no se realicen acciones para recuperar “lo que nos pertenece”, la idiotización nos seguirá conduciendo a los grandes centros comerciales hasta llegar al punto de verlos como un vil sustituto de “lo más querido”. Alguien podrá decir: -Recuperar el centro histórico, ¿para perpetuar la memoria de quién?, un historiador o historiadora que vea las cosas desde ese ángulo, obviamente o no es de este país, o la ciencia ha atrofiado su sensibilidad e identidad cultural.

Cabe mencionar en este punto la propuesta de un grupo de estudiantes de arquitectura que en 1997, en su trabajo de grado,  hicieron la propuesta a la municipalidad de San Salvador, para que el Cementerio Los Ilustres fuera declarado patrimonio cultural, moción que fue retomada hasta 12 años después, pues es hasta 2009 cuando ya se permite el ingreso de ciudadanos a dicho panteón, un avance si se tiene en cuenta el valor estético, cultural, social e histórico de los monumentos funerarios.[12]

 Las obras construidas en la Atenas de Pericles fueron:   

  • Reconstrucción del templo de Zeus en Olimpia.
  • Reconstrucción del templo de Apolo en Delfos, que había sido destruido por un terremoto.
  • Construcción de la Acrópolis, la ciudad de los mármoles para gloria de los dioses. El lugar había sufrido un incendio provocado por los persas y se encontraba en ruinas desde hacía más de 30 años. Pericles impulsó su reconstrucción a lo grandioso, con mármol blanco traído de la cercana y famosa cantera del Pentélico. Se formó un equipo con los mejores arquitectos, escultores y obreros atenienses. Los ciudadanos de Atenas tuvieron asegurado el trabajo durante más de 20 años gracias a esta gran empresa. Fue el conjunto monumental más vasto y perfecto de la historia del arte griego y pudo llevarse a cabo gracias a la financiación de los tesoros de la Confederación de Delos.

En 29 años Pericles, logró estructurar la Grecia clásica con el Partenón como símbolo, a los 29 años ya no es reelegido para el cargo, el cual entrega de buena voluntad, sin aferrarse al poder, de allí que Pericles se convierta en el símbolo de la democracia, un ejemplo a seguir ante los conflictos políticos, que actualmente se viven. Después de entregar su cargo, es llamado de nuevo pero no acepta, por encontrarse enfermo de la peste.

En su discurso fúnebre, comienza adulando a sus oyentes elogiando la hermosa ciudad que les pertenece, heredada de sus antepasados y tan bien cuidada por ellos mismos. Habla de la importancia de ser ateniense y del honor que ello  conlleva. Denomina su polis autosuficiente, (aunque Atenas no puede existir sin el constante flujo económico proveniente de sus aliados). Elogia la democracia y los beneficios que trae, al igual que Tucídides defiende la democracia.                      

Pericles entra en comparaciones con otras polis de Grecia, ensalzando al individuo ateniense. Un comentario muy significativo es el que hace del guerrero espartano quien pasa su vida practicando para luchar mejor, mientras que el ateniense vive su vida, y a la hora de luchar, muestra tanto o más arrojo que un espartano. Según él, la sabiduría de un ateniense le da la razón y justifica sus acciones, como pasa con la Guerra del Peloponeso, (Pericles paga una cantidad económica, el misthos, a los ciudadanos que participen en política. Elogia a estos, y critica a los que no lo hacen, tildándoles de inútiles). Desprecia la ignorancia, pues ningún ciudadano ateniense tiene excusa para no ser culto, ya que es la tierra de las oportunidades.

Acaba Pericles su discurso ensalzando y glorificando la ciudad de Atenas, así como sus ciudadanos, portadores de la virtud de forma innata. Eleva la figura del soldado, intentando convencer a los atenienses para que tomaran partido en la guerra.

Antes del inicio de las hostilidades con Esparta, Pericles les dijo a los ciudadanos reunidos en asamblea: “Temo más a nuestros errores que a la estrategia del enemigo”. Estos dos errores eran: adquirir nuevas posesiones durante la guerra y atraer peligros arrostrados voluntariamente, ambos errores cometieron los atenienses al lanzarse a la expedición de Sicilia, animados por Alcíbiades contra la opinión de Nicias[13].

La Guerra del Peloponeso termina con la victoria espartana y el fin de la hegemonía ateniense. A partir de este momento, todo lo que viva será infinitamente peor que lo que una vez fue. Atenas se verá económica y políticamente sometida, pese a  tener en cuenta que son los más avanzados en cuanto a cultura y política.

“¡Admirable hombre en verdad! No sólo por la blandura y la suavidad que guardó en tanto cúmulo de negocios y en medio de tales enemistades, sino por su gran prudencia, pues que entre sus buenas acciones reputó por la mejor el no haber dado nada en tanto poder ni a la envidia ni a la ira, ni haber mirado a ninguno de sus enemigos como insufrible; y yo entiendo que solo su conducta bondadosa y su vida pura y sin mancha, en medio de tan grande autoridad, pudo hacer exenta de envidia y apropiada rigurosamente a él la denominación al parecer pueril y chocante que se le dio llamándole Olimpio.”[14]

Pericles, el gran estadista en el que se conjugan la intelectualidad y la carrera política, falleció producto de la peste que asoló Atenas entre 430 y 426  a.C, durante las guerras del Peloponeso y que hoy se identifica con el tifus exantemático o con la fiebre tifoidea.[15]


[1] Voltaire. El Siglo de Luis XIV.(México: Fondo de Cultura Económica, s.f.), pág.7.

[2] Plutarco. Vidas Paralelas, (México: Editorial Porrúa, 1970), págs. 124-125.

[3] Tucídides. Historia de la  Guerra del Peloponeso. (               México: Editorial Porrúa, 1998),  XXVI.

[4] Ibid.,pág 128.

[5] Ibid., 131.

[6] Ibid., Pág. 129.

[7] Ibid., Pág. 130.

[8] Ibid., Pág. 130.

[9] Ibid.,  Pág. 131.

[10] Ibid.,  Pág.129.

[11] Orlando Martínez, Regina Medina y Rhina Palucho. Recalificación Urbanística del Centro Histórico de Tonacatepeque. Tesis, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, Facultad de Arquitectura, (San Salvador, 1990. Pág 5.

[12] Aída Ávalos, Beatriz Osegueda y Gabriela Padilla. Tesis Universidad Albert Einstein, 1997.

[13]Tucídides,  Op.Cit. pág. LV.

[14] Ibid., pág. 143.

[15] Juan Carlos Losada “portadoras de la muerte”, en  La Aventura de la Historia, (Madrid, No. 128, s.f.), pág. 28.